Viviendo en Castillos de Arena

Aprovecho esta entrada para compartir un reportaje muy interesante publicado hoy por ELPAIS.COM sobre la vivienda, sobre la sobrevivienda y, cómo no, sobre la crisis.

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Ya hacía unos años que todos veíamos cómo el negocio de la vivienda estaba adquiriendo unas dimensiones más que considerables, que se invertían enormes cantidades de recursos económicos y humanos y que muchos edificios, chalets, complejos urbanísticos y similares comenzaban a aparecer por toda la geografía española (corrupción urbanística a parte)

Sin duda no habría por qué estar en contra de un progreso, de un sector que generaba miles y miles de puestos de trabajo dando de comer a muchas familias. El problema, que muchas personas y organismos venían alertando del riesgo de la llamada BURBUJA INMOBILIARIA.

Y ahora, junto al anunciado desplome del sector inmobiliario está la crisis económica global lo cual hace el tema más grave, si cabe.

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"Todo exceso tiene un precio. Sobre quién salga más perjudicado, eso ya es una incógnita"

Sinceramente aquí ha faltado, entre otras cosas, ser consecuente; es decir, saber lo que se iba hacer, saber qué se estaba haciendo y por último saber lo que se ha hecho. A fin de cuentas el raciocinio permitía saber que esto no iba a durar eternamente, que el dinero fácil se llama así por algo y que posteriormente (momentos como ahora) iban a producirse unas terribles consecuencias socio-económicas.

¿Qué cabía esperar si no?

¿Qué cabía esperar si no?

Por último añado el enlace al reportaje de ELPAIS.COM llamado “¿Quién es responsable de la burbuja inmobiliaria?” y un extracto:

Resulta además que el milagro económico español era un espejismo, porque nos hemos dedicado a construir casas que no habríamos querido construir de haber sabido lo poco que iban a valer en el futuro. Una casa sólo vale para vivir en ella, y si nadie quiere hacerlo, entonces no vale nada. Hemos comprado pisos que están cerrados o a los que vamos unos cuantos días al año, no porque tuviéramos grandes deseos de consumir viviendas, sino porque pensábamos que eran una reserva de valor para el futuro.

¡Sed felices!

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